jueves, 11 de noviembre de 2010

¡¡¡UN TRABAJITO POR AMOR DE DIOS!!!

Uno de los derechos inalienables que tiene todo ser humano al nacer, y que está totalmente garantizado por nuestra Constitución nacional, es el derecho al trabajo. Esto va de la mano, con todas las garantías individuales. Este atributo, también esta consagrado por la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Sin embargo en nuestro país, pareciera que esto pasa totalmente desapercibido y además violado una y mil veces. Ya que ni siquiera las reparticiones públicas respetan el mísero sueldo mínimo, que a esta altura, ya se encuentra totalmente desfasado y apenas alcanza para diez días corridos. Y pensar que el mismo Estado debería dar el ejemplo, para que los particulares lo imitaran. Un caso similar sucede con la Policía Nacional, que sus agentes circulan en moto, pero sin casco. 

Entonces como pretenden controlar a los demás, si ellos mismos quebrantan la ley. Lo mismo pasa con el Estado que persigue a algunos contribuyentes para que no se eluda el IPS, sin embargo son muy pocos los que aportan y ellos saben muy bien quienes son los evasores. Entre ellas, las cuatro grandes empresas operadoras que suministran el servicio de telefonía móvil en nuestro país.

Porque gente que trabaje en estas compañías, se cuentan por miles en todo el territorio nacional, sin embargo, no más de 500 son los que gozan de los verdaderos beneficios de la verdadera dependencia. Y este no es el único rubro. Esto se repite en todos los ítems que tenga que ver con ventas de servicios. En el ramo de las empresas de seguridad, la cosa es mucho, pero mucho peor. 

Pero esto es solo la punta del témpano, ya que lo importante y el nudo de la cuestión, es la total falta de trabajo, y que según se está viendo, las nuevas autoridades, todavía no han recibido el recado y da la impresión que, en este aspecto, no existe una gran preocupación.

Y lo digo porque según los diarios españoles, existen 3 millones de desocupados dentro de una población de 45 millones de personas y están tan alarmados por esto que prácticamente viven aterrados de ser la próxima víctima. Sin embargo en nuestro país, tenemos a 6 millones de habitantes y 1 millón y medio entre desocupados y sub-ocupados y es como si fuera una cosa normal de tan insensibilizados que nos encontramos.

Nos hemos puesto una coraza que nos protege de todo lo que nos hiere, como la tremenda inseguridad; la gran cantidad de muertos en los accidentes de tránsito, especialmente motociclistas. De los que mueren en los hospitales públicos por falta de insumos o una demora excesiva en la atención; cuando se piensa seguir construyendo más escuelas, si las que ya están se encuentran en pésimas condiciones.

En fin, los noticieros ya no nos causan ninguna sorpresa, porque prácticamente estamos curados de espanto. Mientras quienes  actualmente deben brindarnos soluciones, todavía no dan ni las más mínimas señales de vida. Eso sí, los anuncios están a la orden del día. Mientras tanto los días pasan y los desocupados y los sub-ocupados, van perdiendo la confianza en sí mismos y en las promesas que todavía no se plasman.

Según los índices que se manejan a nivel oficial, actualizado hasta el 15 de diciembre, de 2008, revelan  que de 4,4 millones de paraguayos en edad de trabajar, existen 1,8 millones que están desempleados. Estas cifras podrían empeorar aún más, luego del  rebote, en la que ligamos una crisis importada, que ha provocado, el despido, solo en Ciudad del Este, de 3.500 empleados, en el área informática.  

Los trastornos e inconvenientes que causan el desempleo son tan grandes que no solo provoca problemas de conducta, desánimo, baja autoestima y hasta estrés, desde el punto de vista psicológico. También se originan graves conflictos en la relación familiar, con los vecinos y amigos. Existe mucho tiempo para los malos pensamientos y todo lo peor que se pueda pensar.

Si bien la falta de trabajo no figura entre las principales causas del suicidio, este es un ingrediente importante a la hora de hacer la evaluación de las causas. El no poder disponer de dinero, en el bolsillo, para usarlo según necesidad o antojo, origina una dependencia hacia la limosna, aunque sea el mismo padre o hijo quien realice el préstamo. La sensación de desamparo y humillación no desaparece.
La desocupación al cabo de un tiempo, provoca una violencia a veces incontrolada por parte de algunos individuos. Puede llegar a desembocar en agresiones físicas y psicológicas a la pareja, hijos o aún hasta a los mismos padres. Acompañado por gritos y amenazas de todo tipo. La bebida y la droga forman parte del repertorio de un desocupado, llevado de la mano por la terrible sensación de ansiedad, angustia y desasosiego que la misma situación puede llegar a provocar.

Sin embargo cuando se consigue un trabajo, por más sencillo y humilde que este parezca, la dignidad de poseer lo suyo, con el sudor de su frente, causa un placer casi similar a un orgasmo e inclusive mucho más intenso. No existen palabras para describir lo que se siente. Prioridad número uno para cualquier gobernante que quiera o pretenda devolver en parte la suerte de haber sido elegido por el pueblo. En la calle, los desocupados venden cualquier cosa o simplemente interrumpen el camino del peatón para pedirle alguna moneda. Pero nunca escuché gritar: ¡¡¡Un trabajito por amor de Dios!!!

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