sábado, 9 de octubre de 2010

DEMASIADAS LEYES PARA TAN POCO RESPETO

Según una muy loca teoría mía, producto de la simple y más pura observación cotidiana, dice que habría que cerrar urgentemente el Congreso Nacional, ya que de ninguna manera, este cumple con las funciones para la cual fue establecido en nuestra Constitución Nacional.

Si se procede con esto, el Estado paraguayo, se ahorraría una gran cantidad de dinero anual, cosa que todos sabemos muy bien, que no le sobra. Ese dinero estaría mucho mejor dirigido hacia los programas sociales, que sí lo necesitan, ¡y como!

Con el Congreso vacío, todavía se podría sacar algún dinerillo, para su mantenimiento, alquilándolo para fiestas, recitales de grupos nacionales o extranjeros, espectáculos de todo tipo, e incluso para actuaciones de algún que otro circo, siguiendo la tónica que este recinto ha tenido en los últimos años. Porque si es que los lectores coinciden conmigo,  es allí donde sobran los payasos.

¿Por qué hago tal loca sugerencia, sin ningún tipo de dudas?, es que he llegado a la triste conclusión, que en este país, ya nadie respeta a las leyes. Y cuando digo nadie, no es simbólico, si no literalmente. Desde el primer mandatario hasta el último “pelecho” del escalafón nacional.

Si empezamos por nuestro actual presidente, que por obra de la casualidad, es abogado y a sabiendas, quiebra la Constitución aprovechando los innumerables agujeros jurídicos, para postularse a senador activo, ¡estamos todos fritos! Eso, si no tenemos muy en cuenta, que no pone todos sus bienes, en las sucesivas declaraciones juradas. ¿Y el avioncito y las estancias, donde están?

Funcionarios corruptos que son atrapados, con las manos en la masa, y que son premiados con sugestivas transferencias a otras reparticiones del Estado, en vez de castigarlos, como el Código Penal manda. Delincuentes peligrosos que trabajan en la repartición policial, disfrazados de agentes del orden y que son protegidos por sus propios jefes, nunca pagan sus culpas. Y de esto, los titulares de todos los medios capitalinos y regionales, tienen cientos de claros ejemplos.

La cantidad de autos nuevos, sin chapa y totalmente polarizados, que circulan por nuestras calles, es abrumadora. ¿A quién pertenecen?, ¿por qué no se los detiene, o tienen coronita?  Camiones robados que de la frontera seca, llega tranquilamente a Asunción, sin ningún tipo de control. Camiones con rollos o carbón, sin guías y totalmente fuera del peso establecido para las rutas nacionales, circulan por todo el territorio, como Pancho por su  casa. Decenas de playas de ventas de autos y casinos electrónicos brotan como hongos. ¿Y el lavado de dinero, se hace en el lavarropa?

Denuncias en la fiscalía, que nunca llegan a nada. Juzgados atestados de gente que deambula por soluciones a sus problemas y altas pilas de expedientes empolvados, que el tiempo y la memoria ha olvidado definitivamente. Abogados que se entienden con su contraparte, en perjuicio de sus propios clientes y que nunca llegan a perder su matrícula por mal ejercicio de su función profesional.

Una Contraloría General del Estado con cientos de denuncias y sus correspondientes pruebas contundentes y que jamás logra una miserable condena que resulte ejemplar, y que al menos, logre intimidar a los corruptos a infringir la ley. Los jueces de la Corte Suprema, que en muchos casos, fueron puestos a dedo, y que se niegan a renunciar, solo por simple ética, sin embargo, con extremado “caradurismo”, pretenden perpetuarse, por los siglos de los siglos, en sus sillones.

La Constitución Nacional dice que el presupuesto para educación, representa el 20 % del monto total. Esto jamás se ha cumplido, a lo largo de toda la historia de nuestro país. Si nadie respeta la ley fundamental, ni las leyes que la complementan, ¿cómo se pretende que se acate las ordenanzas municipales? 

Los conductores salen a la ruta, con sus vehículos sin estar en condiciones mecánicas. No obedecen los carriles de circulación y mucho menos las velocidades máximas. Hablan por celular o toman tereré mientras conducen, a pesar de todas las recomendaciones en su contra. Los menores de trece a diecisiete años, se hacen dueños de las noches y los fines de semana, esparciendo su música a los cuatro vientos.

Las empresas monopólicas y deficitarias del Estado, cobran al usuario lo que se les antoja y el pobre usuario, se encuentra totalmente indefenso,  porque no tiene como evitar ser avasallado en sus derechos. Pague primero y proteste después. Las municipalidades cobran de modo compulsivo muchos impuestos sobre servicios no prestados. Un ejemplo claro de esto, sería luz, barrido y limpieza en algunas calles donde la oscuridad, la falta de recolectores de residuos y la ausencia de empedrado gozan de buena salud.

Las habilitaciones a lugares donde se sirve comida, que no tienen ni una pizca de higiene, sin baños públicos o si los tienen, ni siquiera un cerdo quisiera entrar en ellos. Mesiteros que no saben compartir una vereda con los transeúntes, pensando que tienen más derechos que estos últimos a ocuparla. En fin, creo que la ley de la selva nos ha invadido. Por eso creo que tener un congreso abierto no tiene sentido si las leyes no se las hacen cumplir y los que debieran hacerlo tampoco les interesa.

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