domingo, 17 de octubre de 2010

EL SENADO ES UN CIRCO DE TRES PISTAS

Se inicia la nueva temporada de funciones circenses en el Senado, con algunas caras nuevas e interpretando viejos papeles. De a poco, irán entrando en escena, para regocijo o decepción, tanto del público que los votó, como los que no tenían más remedio.

Y ahora silencio, señores y señoras, que ya se apagan las luces, se encienden los reflectores y comienza de inmediato este magnífico  espectáculo.  Salen a escena dos pequeños payasos. El más chico de ambos, entra llorando, como niño mal criado y prepotente, grita a voz en cuello: “¡¡¡ Ahhh!!!, no me dejan jurar, que me contradigan, eso me deja muy furioso. -Tranquilízate “Pikanor”, le responde el otro payaso, - que igualmente vas a jurar conmigo, sin importar el quórum, vos y yo solitos.

El payaso más grande llamado “Quintanete”, se le acerca a “Pikanor”,   y levantándole una mano  y colocando la otra sobre un ejemplar de “Condorito”, le dice: “juras que queres ser senador. ¡¡¡Si juro, caramba!!!,  dice el pequeñín. Con las ganas que tenía de ser activo, porque eso de ser un pasivo, no me gusta mucho, eso que te den por la retaguardia. Se escuchan muchas risas y los aplausos invaden las plateas. Para luego, salir precipitadamente de escena.

A continuación, salen al ruedo, el domador de fieras  “Mister Méndez” y el malvado león “Frederick”. Todo el público presente esperaba un furioso animal, pero se encuentra con un gato “amariconado”, gimiendo de rabia. -¿Que te pasa gatito?, le pregunta el domador, a lo que el león le contesta: -Nada, solo que no me convidas a tus reuniones, me discriminas.

Eso no es cierto, responde el domador, agregando, -No te invito porque como siempre estás “figureteando” por todo el país, nunca sé por donde andas. – Eso no es verdad, dijo el león, solo hago mi trabajo de relaciones públicas, representándote como es mi deber. –No, tu deber es mantener una relación estrecha con los senadores, pero como te gusta tanto de jugar al presidente, que a veces me das mucho miedo, mi estimado “Frederick”, dijo con picardía “Mister Méndez”.

Dicha esta frase, el dúo se retira inmediatamente, reemplazándolos del escenario, otra pareja, consistente en el mago “Rafa Filibola” y su bella ayudante “Charletta Massi-ta”. Tras acomodar varios chirimbolos sobre la pista, se dirige al público presente, abre sus manos y dice en voz alta: “Policías custodiando casas de cambio mau” por acá, “Policías haciendo guardia en casa de aduanero” por allá. Y con un pase mágico, ya no están más haciendo horas extras, ahora están todos vigilando las calles.

Y la gente aplaude a rabiar. Otro truco. “Gatillo fácil” por acá, “Falsas barreras” por allá. Digamos las palabras mágicas “Galavernus, Galavernus, dejad de joder y andátelus”. Y de pronto todo desaparece. Otro estruendoso aplauso de la concurrencia, premia al formidable mago, al mismo tiempo que los artistas se alejan del centro de la pista, por una salida muy bien disimulada.

A continuación y sin interrumpir el maravilloso espectáculo, salen a escena, el Gran Linus y los Des-Unite Boys, un grupo de osados trapecistas, que pendulan constantemente, de un lado para el otro, ante el asombro del público elector. Este experimentado equipo, es muy hábil para saltar al vacío y sin red.

Es precisamente su líder, el Gran Linus, quien les enseñó a escaparse de prisión, con la habilidad de un gran mago. Y así entre los aplausos y vítores de la concurrencia, el grupo se balancea entre bancada y bancada, siempre con el peligro de la muerte política y el suspenso que ello provoca.

Al final de la imponente exhibición, salen al ruedo a entretener a los exigentes espectadores, el Profesor Camilo, el gran entrenador de perros, todos cachorros jóvenes, pero con trucos muy viejos y que nunca han tenido éxito en ninguna parte del mundo. Saltan y saltan, pero nunca alcanzan el resultado deseado. Pero eso sí, deslumbran con sus accesorios multicolores, collares luminosos y acrobáticos saltos fallidos. El entrenador, nunca se ha actualizado, debido a que sigue los mismos manuales de enseñanza de la década del 60. Es como si el tiempo se hubiera detenido. 

Igualmente los asistentes aplauden el esfuerzo de los tiernos perritos. Y como final de función, llegó el momento del plato fuerte de este maravilloso circo parlamentario. Es el turno de la lucha libre, versión nativa de todos contra todos, como es una ancestral costumbre.

Todos contra todos y nada para el pueblo, pelean de lo lindo. Incluso con gestos obscenos e insultos de por medio. Lenguaje bajo, indigno de personajes con muchos títulos universitarios, pero que hablan peor que camioneros, cuando tienen que cambiar una rueda en medio de la lluvia. La gente igualmente se divierte, porque muchas distracciones no tienen y las alegrías son pocas, como las medallas olímpicas que supimos ganar.

Las caras cambian, pero la misma falta de representantes dignos se perpetúa.  Tenemos el Senado que merecemos, por eso nos va, como nos va. Ya es hora de replantearnos, de una vez por todas, que los dirigentes elegidos a dedo y en “listas sábanas”  ya no pueden ser más aceptados. Esto es, si se quiere desterrar la ineptitud para siempre o que el Senado siga siendo un verdadero un circo de tres pistas.

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