sábado, 9 de octubre de 2010

NACIDAS PARA SUFRIR

Según decía uno de mis máximos ídolos, Edgar Allan Poe, el escritor que le dio al cuento de misterio el formato moderno que hoy tiene y de eso, estamos hablando de 150 años atrás, que “lo más difícil del mundo es descubrir lo obvio”.

Y así es, podemos estar mirando fijamente una cosa durante horas, pero no vemos realmente lo que buscamos. Eso fue lo que me pasó recientemente. Estando parado, en una de esas esquinitas que ni les cuento, de Ciudad del Este, muy temprano, a la mañana, comencé a observar la enorme cantidad de chicas lindas, que pasaban muy apuraditas a mi lado, rumbo a sus respectivos trabajos.

Por primera vez, en mucho tiempo, dejé de mirarles los lugares más atrayentes de la anatomía femenina, a la que denomino “las partes terribles”, para enfocar toda mi atención, en sus rostros. Y lo que pude observar me dio mucha pena. Una gran cantidad de ellas, lucían un maquillaje más que recargado, y no era precisamente por moda o coquetería. Era necesariamente para ocultar terribles hematomas.

Como decía mi finado abuelo, “el problema no es levantarle la mano a la mujer, si no el bajarla”.  Y aunque bromee al respecto, el tema es demasiado serio. Nadie se puede imaginar siquiera el infierno de aquellas mujeres que sufren constantes palizas de sus maridos, novios, amantes, parientes y amigos ocasionales. También es difícil es ponerse en sus zapatos, al tener que soportar esta reiterada clase de vejamen.

Pero supongo que el trago más amargo, es cuando deben salir de sus casas y enfrentar al mundo, teniendo que defender a capa y espada, precisamente al que las golpea. Las excusas son infinitas y las disculpas para el golpeador, están siempre a flor de labios. Aunque nadie les crea. Como el caso de una amiga, que según cuenta, tuvo un choque con un vehículo, y justo tuvo la mala suerte que, algún elemento del tablero diera exactamente en su ojo. Parece que no había otro lugar para golpearse.

Me dio veinte explicaciones al respecto y ninguna de ellas me llegó a convencer totalmente. Durante un par de días, lució su ojo negro, lo más disimulado que el maquillaje se lo permitía. Pero no dejaba de percibir su pudor, cada vez que nuestras miradas se cruzaban ocasionalmente. Y ahí terminó la cosa. Ella se quedó contenta porque creyó engañarme y yo desilusionado por no mandar a “la China” al badulaque que no la merecía.

Casos como estos se pueden contar por millones. Leí por ahí, no recuerdo muy bien donde, que una estadística hecha por una organización, que defiende a las mujeres de estas agresiones, decía que todos los días, veinte mil de ellas, eran golpeadas en todo el mundo. Terrorífico y deprimente que esto siga sucediendo en pleno siglo XXI.

Quizás lo que escriba más adelante les suene gracioso, pero creo que en realidad es trágico. Ahora entiendo el significado de las letras de esas famosas “polkitas lloronas” que se escuchan por la radio, especialmente en la madrugada. Ellas singularmente cuentan que el “tipo” se lamenta amargamente por que la “susodicha” se mandó mudar del rancho, llevándose hasta la comida del perro.

El “tipo” cuenta que no puede vivir sin ella, que está hecho un trapo, deshecho  en llantos y que le pide uno y mil perdones, si es que se portó mal alguna vez. Que no halla un lugar apropiado para su cuerpo y no tiene el más mínimo consuelo. Hasta aquí, todo está súper bárbaro.

Pero se me ocurre que como todas las monedas, la cosa tiene dos caras. Por lo tanto habría que preguntarle a la mujer porque tomó esa determinación y seguro que la “mina”, en un momento dado, se encontró cansada de lavarle el anatómico, cocinar, planchar, limpiar la casa, prepararle la comida para cuando llegue a la casa, hambriento como un lobo, y encima, abrirle las piernas, a la noche, cada vez que el tipo "tenga ganas", para recibir como único premio, a todo el esfuerzo por soportarlo, una soberana garroteada. Es como mucho, ¿o no?

En fin, hay de todo en la viña del Señor. Hay que reconocer que a la mujer no se le debe pegar ni con el pétalo de una rosa, sin embargo algunas de ellas merecen que se le tire la flor con plantera y todo. Y eso, porque  son tan poco inteligentes para escoger a su pareja. No sé cual es la razón que teniendo a buenos candidatos para escoger,  siempre lo hacen con el que peor las trata.

Parece que a ellas, los buenos, los respetuosos y los que están muy pendientes de todos sus movimientos, les resulta muy flojos y los que las tratan fríamente, no le dan mucha importancia y como si fuera una conquista más, las estimula eróticamente. Eso hace que se mantengan enceguecidas y pierdan toda noción de perspectiva y razonamiento lógico.

No escuchan a quienes pretenden ayudarla o darle un buen consejo. Piensan que la quieren apartar de “su verdadero amor”. Y si a esto se le suma que desde el primer golpe, comienza un ritual de perdones de la mujer, disculpas y llantos del hombre, para luego volverla a golpear hasta por servirle el mate tibio. Con el primer golpe se terminó el respeto de la pareja y ahí murió el amor. Continuar es solo prolongar hasta el infinito una trágica agonía, a menos que sea nacida para sufrir.

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