domingo, 17 de octubre de 2010

TODAS SON FÁCILES, MENOS MI HERMANA

Pareciera que nuestra gente aún no entiende lo que significa la globalización, ni la reciprocidad que ello implica. Es algo bastante complejo y no muy fácil de explicar con palabras sencillas.

Pero para tener una idea bastante simple, se podría decir que este nuevo fenómeno mundial pretende describir a una realidad internacional vista como una sociedad de todo el planeta, sin fronteras, sin barreras arancelarias, ni diferencias étnicas, credos religiosos, ideologías políticas y condiciones socio-económicas o culturales.

Por lo tanto, todo lo que sucede en nuestro país, repercute en otros y viceversa. Un ejemplo más gráfico sería que a un paraguayo le duele la panza y a un chino le vienen gases. O un australiano tose y un ruso escupe. O algo por el estilo. Con el tiempo esta internacionalización será más acentuada.

Por eso me parece ridículo cuando en Ciudad del Este, se persigue a los 20.000 indocumentados brasileros que trabajan en los miles de comercios esparcidos por el microcentro. Autoridades comunales, laborales, sindicatos, medios de comunicación se desgarran las vestiduras porque le sacan el pan de la mesa a la gente de la zona.

Sin embargo, nunca escuché que se hable con el mismo tono y vigor, cuando se sabe que eso mismo lo hacen 400.000 compatriotas en el exterior. Y cuando promulgan leyes que protegen la mano de obra local o se amenaza con echar a los indocumentados, entonces sí, es discriminación y el silencio cómplice se apodera de todas nuestras furiosas lenguas. Esa famosa ley nativa del “ñembotavy”.

Cuando se habla de contrabando, por ejemplo, tenemos a los mismos personajes, o sea, empresarios de diversos ramos, funcionarios de Hacienda, policías, fiscales, jueces, medios de comunicación, plaguearse por la entrada masiva de azúcar, cemento, varillas, arroz, aceite de soja o lo que sea. Sin embargo, llevarle cigarrillos, informática, electrónica, o canguros voladores, a los vecinos, no tiene ninguna importancia.

Los puertos clandestinos sobre el lago Itaipú, son poca cosa, casi sin importancia, igual que toda la mercadería de procedencia bastante dudosa. Tampoco es relevante que se los opere en medio de una espantosa oscuridad y en horas de la madrugada. Ellos son los malos y nosotros los buenos. Eso es relativo y depende del lado del mostrador en que uno se encuentre.

Cuando se habla de la formalización del comercio, esto no solo se refiere a pagar los impuestos correspondientes, si no  también vender mercadería no falsificada. Y este punto parece que es muy difícil de digerir, para los cientos de seudos empresarios del submundo esteño, que siguen insistiendo en el tema y sin miras que adopten una marca propia y así cerrar el círculo.

El RTU, que tanto propugnan los comerciantes y mesiteros paraguayos, seguirá durmiendo en algún oscuro cajón, en el senado “rapai”, hasta que lo anteriormente dicho se cumpla. Toda protesta particular u oficial será escuchada, pero jamás atendida. Y eso es por la desidia de nuestro lado, que estiramos los plazos y pensamos que el tiempo lo cura todo y eso, por desgracia, no siempre es así. Pero también se olvidan muchos que no se puede presionar a Brasil, ya que es un tema netamente interno, que beneficia especialmente al comercio esteño, pero para el brasilero, ni fu ni fa.

Otro tanto sucede con el segundo puente. Como dije en un comentario anterior, que dudaba que se realizara dicha pasarela, ya que si se ven imposibilitados de controlar un puente, como lo harían con dos. Ahora bien, independientemente de mi pálpito, tenemos que en el lado brasilero, ya están totalmente terminados los informes de impacto ambiental y trazado la probable ruta que la enlazaría con el centro de Foz.

Sin embargo, en el lado paraguayo, no se hizo absolutamente nada de nada, a no ser, dejar crecer los pastos hasta tres metros de altura, por lo menos. Típico, esto es algo bien nuestro. Otro ejemplo aún más contundente, se refiere a Yacyretá. La otra hidroeléctrica binacional, que tiene todos sus pasos bien programaditos. Y dentro de sus planes figuraba la elevación de la cota, para el mejor aprovechamiento de la energía.

Para eso se estuvo suministrando los recursos necesarios para la terminación de las obras complementarias del lado paraguayo. Pero pasó el tiempo, las obras no se hicieron, y finalmente nuestros vecinos, que están desesperados por conseguir más fluido eléctrico, debido al crecimiento que han tenido en los últimos cinco años, elevaron la cota. Y pasó lo que tenía que pasar. El paraguayito no hizo lo que debía hacer en su momento y “amóntema la cachaka”.

Bien o mal, tenemos que empezar a dejar de echarle la culpa a los otros y asumir la parte nuestra que nos corresponda. Es justamente la inacción lo que nos está matando. Pasa lo mismo cuando se realizan las famosas cumbres del Mercosur. Todas las delegaciones, buscan acuerdos, tratados, alianzas y fundamentalmente profundizar los negocios bilaterales. Pero que hace la delegación paraguaya. Sencillo, los funcionarios y sus esposas salen de “shopping”, aprovechando los jugosos viáticos que reciben. ¿Y la cumbre?, bien gracias.

Por eso no todo lo que hacemos está bien, y mucho peor está lo que no hacemos. Los otros no son tan malo ni nosotros tan buenos. Al menos es lo que dice la Teoría de la Relatividad. Ahora se puede entender el título: por eso para hablar hay que hacerlo con una mano en el corazón y no decir que todas las mujeres son fáciles, menos mi hermana. Porque uno se puede llevar una buena sorpresa.

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