sábado, 9 de octubre de 2010

INGRATITUD POR SIEMPRE

Tras varios siglos de cobarde silencio, los europeos por fin se manifestaron al respecto, terminando por mostrarnos su verdadera cara. El antifaz, la careta y todo el magnífico maquillaje adornado con hermosas palabras, rodaron por el suelo. Precisamente quienes se han encargado de custodiar todo lo referente a los Derechos Humanos, que tanto pregonan en su estricto cumplimiento, quienes en reiteradas ocasiones nos han señalado con el dedo, son los primeros que hipócritamente la infringen.

Pareciera que los europeos se han olvidado que todavía tienen una larga cuenta pendiente con toda América. A ellos nunca nadie los llamó. Solo irrumpieron de golpe para interrumpir todos los procesos y avances que tenían los nativos americanos, muy por encima de los  conocimientos europeos, en la misma era cronológica. Aquí se dominaba la botánica, la  ingeniería, la anatomía, llegando hasta cura de coágulos cerebrales.

Ellos no vinieron a colonizar y evangelizar, según cuentan sus libros de historia. Su misión fue muchos menos espiritual y romántica, de lo que ellos nos quieren hacer creer. Los europeos que vinieron a América, tenían órdenes precisas de sus reyes, ya sean españoles, portugueses, ingleses, franceses, holandeses o lo que fuere, de cargar en los barcos todo lo que tuviera valor y traerlo urgente al viejo continente.

Luego de haberlo hecho, así como los capitanes habían pactado, y ni bien llegó a los oídos de los reyes, todos los tesoros que el nuevo continente escondía, los monarcas, con los ojos bien abiertos y llenos de codicia, mandaron exterminar cualquier tipo de resistencia nativa, mediante la masacre de miles de hombres, ancianos y niños, además de la violación de la mayoría de nuestras mujeres.  

Se llevaron nuestras plantas, nuestros animales, nuestros valiosos minerales, nos despojaron de nuestras antiguas religiones, nos cambiaron los nombres, nos quitaron nuestra identidad, pisotearon nuestra dignidad, nos fueron reduciendo a simples colonias, sin ningún tipo de derecho.

Durante varios siglos, Europa toda, comió de todo los robado en América, y producto de aquel semejante despojo, muchas “familias nobles” del viejo continente hoy gozan del esplendor de su actual fortuna, obtenida en base a sangre inocente, muertes indiscriminadas y violaciones a las nativas a quienes redujeron a meras esclavas sexuales. 

Nunca los europeos, sea del país que fuera, ha hecho un verdadero y sincero “mea culpa” a todos sus pecados. Es como si por que les quedaba chico su continente, invadieron otro y en base a su propia justicia, se apoderaron de tierras, seres humanos y metales preciosos, sin ningún tipo de remordimiento, e hicieron de América, su huerta, su patio trasero, y entierro de falsos pudores y sus deslices de todo tipo.

Nos independizamos de ellos, caso único, el de Paraguay, sin un solo disparo. Esto desde ya que no les gustó para nada, ya que desaparecía para siempre su pequeña caja chica. Ya no tendrían donde recurrir, en caso de necesidad. Y esto se hizo muy evidente con el correr del tiempo. Luego, de asimilar la pérdida, las cosas se fueron suavizando, pero siempre fuimos, para ellos, “los salvajes”, “los brutos” y “sus sirvientes”.

Sin embargo, la vida y el tiempo siempre nos tienen reservadas muchas sorpresas y una de ellas, es que permanentemente otorga una revancha, no venganza, si no una nueva oportunidad para enderezar los errores cometidos. Y esto se dio muchos años después, cuando Europa era desolada por las guerras y sus consiguientes hambrunas, Paraguay, junto con todos sus hermanos latinoamericanos, los albergamos, les dimos una nueva oportunidad a sus vidas y la posibilidad de crecer espiritual y económicamente, sin hacer ningún tipo de preguntas.

Ahora que toda la economía regional, se encuentra totalmente deteriorada, y se le pide a los europeos, que tengan la misma buena voluntad que se tuvo con ellos, a principio del siglo XX y durante las dos guerras mundiales. Pero como única contestación, a nuestra auténtica desesperación, surge una ley a nivel continental para expulsar a todos los extranjeros, haciendo especial hincapié, en los sudamericanos.

Así es el europeo, por fin y de una buena vez se ha quitado la máscara y mostrado al mundo su verdadera cara, ya sin la pintura hipócrita que siempre lo recubre. Eso somos para ellos, solo carne para ser utilizada cuando les conviene y siempre que les sirva a sus mezquinos propósitos. Y cuando no, somos desechados como se hace con el papel higiénico.

Quizás esto nos pasa simplemente por ser demasiado buenos y generosos, y de esto no hay que arrepentirse, ya que esa es nuestra naturaleza. Dios permanentemente los castiga con tormentas, temperaturas extremas, guerras sangrientas y otras delicias por el estilo. No creo que esta nueva ley entre en vigencia, ya que les traería a la memoria, lo que les sucedió con los árabes y judíos que echaron de España, y se quedaron sin nadie que hicieron los trabajos que los mismos europeos odian hacer.


Era una cuestión de tiempo para que volviera a renacer su vieja   ideología racista y xenófoba, que a esta altura del siglo XXI, ya no tiene más cabida. Y menos mal, que son ellos quienes nos quieren enseñar lo que son los Derechos Humanos. Eso es al menos, lo que se puede llamar verdaderamente ironía o quizás ingratitud.

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