miércoles, 13 de octubre de 2010

EL TEMOR A LA COMPETENCIA

Jamás pensé que la construcción de un shopping en Ciudad del Este, generaría tanto revuelo. Algo tan bien diseñado, con características de avanzada, y que debería ser un motivo de orgullo para el comercio esteño, iba a originar una profunda polarización en la comunidad, con fanatizadas opiniones encontradas, tanto a favor como en contra.

Analizar la cosa no es sencilla, pero si nos remontamos a los comienzos de todo este entuerto, tenemos que el terreno, situado en la cabecera de la Aduana, le fue realmente expropiado al “Rubio”, 7 has. y 2 a Mario Abdo Benítez. Según consta, el terreno tenía el único fin de reubicar a todos los “mesiteros". Sin embargo, cosa normal en este país, por medio de raros arreglos se hace superponer otra propiedad, que era una donación de los herederos de Juscelino Kubistcheck. Todo un melodrama que semeja a una telenovela mexicana.

Se llama a licitación nacional e internacional para la construcción de un centro comercial, pero en dos oportunidades se declaró desierta, ya que solo se presentó la firma Aspen Shopping, pero en la tercera ocasión, ocurre lo mismo y le dan a esta firma como ganadora. La propuesta de Aspen era algo diferente a la original. Alquilarle el edificio solo a los “mesiteros”, no era rentable. Y eso es fundamental para toda actividad comercial. Si no se gana, no sirve.

Hago hincapié en este punto, ya que la condición “sine cua non” para la construcción de este complejo comercial, era solo para “mesiteros”, sin embargo los números no cerraban. Entonces los inversores plantearon alquilar a los grandes comerciantes, los locales, a un buen precio y dejar los pasillos para los “mesiteros” quienes pagarían un “alquiler social”.  Todo iba bien hasta ese momento. Comenzaron las obras, pero en el medio de todo, muchos comerciantes se sintieron perjudicados y levantaron, por lo tanto, sus voces de protesta.

Estos afirmaban que un pequeño grupo de empresarios iban a ser privilegiados con la cercanía del Puente de la Amistad. ¿No les parece esto una cantinela ya conocida? Entonces comenzaron las manifestaciones de protesta en todo el microcentro esteño. Se produce una división entre los “mesiteros”. Este movimiento pasó a llamarse Concejo de los Trabajadores Vendedores de la Vía Pública y fueron los más radicalizados de aquella época.

Cuatro dirigentes, de esos tan buenos que aparecen de vez en cuando, como Matilde Rojas, Benjamín Ozuna, Ramón Bursio, Marcial Martínez, probablemente muy bien pagados por la misma mano negra de siempre, hicieron un tremendo “sarambi sorokue”, invadiendo el terreno, del futuro complejo comercial, con toda la parafernalia folklórica acostumbrada en estas demostraciones. Tanto rompieron la paciencia, hasta que los directivos de Aspen, cansados de tantas perturbaciones y aún con 3 millones de dólares bajo tierra, se mandaron mudar.

¿Qué se logró en realidad?, que los “mesiteros” perdieran la  ocasión  de estar en un buen lugar; que Zacarías les diera esos cajones de lata en la vía pública; que durante 13 años ese terreno se llenara de basura y cientos de alimañas; que en ese tiempo, estos mismos dirigentes, jamás impulsaran una nueva licitación. ¿Quienes salieron beneficiados?, simple; fueron esos comerciantes a quienes la competencia nunca les convino, porque siempre han jugado de un modo que roza lo ilícito. 

Hoy nuevamente renacen de las cenizas, esa misma gente egoísta que boicoteó al Aspen Shopping, que hizo que los “mesiteros” fueran usados como carne de cañón o idiotas útiles. Si vamos a cuestionar la ilegitimidad sobre el uso de una fracción expropiada, entonces vamos a entrar en un terreno bastante escabroso, ya que se deberían demoler muchas seccionales coloradas, que ocupan lugares marcados como plazas públicas, devolver tierras a los indígenas y expulsar a muchos brasileros que compraron a sabiendas, tierras mal habidas de funcionarios jerárquicos del ex-INDERT.

Esta ciudad es muy chica y por suerte o por desgracia, todos nos conocemos. Los hermanos Nassar no son angelitos, y como la mayoría de la gente que ha hecho mucho pero mucho dinero, fue pisando cabezas, evadiendo al fisco, comprando silencios y no  trayendo justamente “biblias” en los containers. Por otro lado,  aquellos que tanto tiemblan con la construcción del shopping, tampoco fueron “monaguillos”, ya que recuerdo que hicieron buena plata, cuando metían guías telefónicas viejas a los aparatos de TV, o ladrillos en monitores o CPU, a los “rapai” que venían a comprar de buena fe desde la loma del “peludo” y eran vilmente “vacunados”

No solo no invierten en el país, si no que tampoco viven en nuestra ciudad. Por eso hablar de legalidad, en un país donde la ilegalidad se enseñorea, es ridículo y hasta  suena ofensivo para aquellas pocas personas que cumplen con sus deberes cívicos e impositivos. Si el propio presidente de la nación, viola reiteradamente la Constitución y los estatutos de su propio partido, qué se puede esperar del resto de la población.

Es por esto que paso por alto muchas cosas. En realidad, mientras el nuevo shopping genere 1.500 puestos para los jóvenes esteños, vendan productos originales y den una buena imagen a la ciudad, el resto no me importa para nada, porque sé que aquellos que ladran mucho y nunca hicieron nada, en el fondo, le tienen un miedo espantoso a la competencia y así jamás vamos a llegar a ningún lado. 

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