sábado, 18 de septiembre de 2010

MIS FUENTES DE INSPIRACIÓN

Mucha gente amiga o aquella que se me acerca por la calle y me pregunta curiosa de donde saco toda esa imaginación para escribir esos títulos estrambóticos o esos temas enfocados desde un punto de vista distinto a como lo hacen los periodistas.

En realidad no es muy fácil de responder, ya que es algo muy personal, no por lo secreto, si no que es una cuestión de desafíos, ya que busco siempre caminos no muy transitados. Mi formación es diferente a la de un periodista, y los códigos también son muy distintos. Un ejemplo claro de esto es que el periodista primero pone todo lo que sucedió en el “copete” y luego desarrolla el resto de la información.

Mis maestros de taller de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores), seguro que me dirían “el asesino es el mayordomo” haciendo alusión a que en el periodismo, el lector no tiene tiempo y  no le interesa el suspenso. Todo lo contrario para un escritor, ya que le sobra tiempo y  espacio físico en su escrito, a diferencia del artículo periodístico que posee una determinada medida ya preestablecida  y esta no es de chicle.

Para el escritor, el suspenso es su aliada, para el periodista, es su enemiga mortal. Otra gran diferencia entre uno y otro, es el uso de la imaginación. El periodista puede usar la lógica para deducir ciertos hechos puntuales, pero no debe utilizar la imaginación, porque narra hechos reales no fantásticos. Mientras que el escritor navega muchas veces en un mundo que bordea la realidad y la ficción. Algunos se extralimitan como Howard Phillips Lovecraft, cuya neurosis no le permitió saber, en determinado momento, si su vida era verídica o  una completa fantasía.

Aclarado totalmente el tema, podríamos decir que trabajando en varios medios, sea como periodista o como escritor, se sufre  presiones de todo tipo al manejar informaciones que no siempre se pueden publicar, ya sea por lo crudas que son  o porque a veces no existe una evidencia contundente, aunque exista una verdadera “semi plena prueba”. Y eso causa un gran estrés a cualquiera.

Además se debe añadir que uno siempre está sujeto a un bombardeo constante de noticias, casi siempre de tono muy deprimente. Para todo esto, encontré una solución contra el maldito estrés. Sería como una especie de descarga a tierra que me permite “desenchufarme” y dejar al cerebro y a los nervios, cero km.

Encontré tres lugares muy agradables, especiales para un escape virtual, y en donde me siento tan o más cómodo que en mi casa. Uno de ellos es el restaurant de la tía Nancy, sobre la calle Boquerón en Ciudad del Este. Allí es donde me atienden a cuerpo de rey, sabiendo que la especie a la que pertenezco es la del perpetuo “sogue”.   

Mientras tomo mi infaltable cafecito; con un ojo, observo en la televisión, las últimas noticias y con el otro, a las hermosas meseras que me regalan una simpática sonrisa, tres veces por semana, del mismo modo que su dueña me consiente, al hacerme un precio ridículo por lo que consumo.  

Lo mismo sucede con el restaurante Besa de Hernandarias, que mientras miro tranquilamente Fox Sport, en su pantalla gigante, y me castigo con un fuerte café que termina de abrir mi ojo, a la mañana. Allí son todos demasiado amables conmigo y no tengo la culpa que ellos me hayan transformado en un viejito tan “mimosón”.

Existe un tercer lugar, también en Hernandarias, que es el ciber-café Mouse, ubicado a pocos pasos de la rotonda. Allí paso muchas horas navegando por Internet, buscando noticias internacionales, pero con repercusión en Paraguay. Me sumerjo dentro de los organismos internacionales y busco  datos y estadísticas que muchas veces no me pueden facilitar las mismas dependencias oficiales. No por mala voluntad, si no simplemente porque estas no existen. También Sergio, el dueño, es otro de mis más grandes admiradores, así como también el más severo de los críticos.

En estos tres lugares fundamentales, para mi descanso neuronal, lo paso muy a gusto y es en alguno de estos tres sitios, donde gente anónima o apenas conocida se me acerca y me ofrece ideas para luego desarrollar. Es eso lo que constantemente me enriquece, el simple y llano contacto con la gente. Por eso no comparto la idea de muchos escritores que se aíslen para escribir.

Al final de cuentas, soy un contador de historias. Eso explica que me sienta casi siempre bien de ánimo, ya que es la misma gente la que me da fuerzas para seguir haciendo lo que hago, es una especie de transfusión de pura “pila”.

Y es en estos casos donde el dinero es un simple detalle. Ya que las satisfacciones que se consiguen a través de este maravilloso trabajo no tienen equivalencias con otro. No existen muchas personas en el mundo que amen apasionadamente lo que hacen, como en mi caso y encima le paguen algo por ello.    

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