domingo, 26 de septiembre de 2010

PROBANDO SU PROPIA MEDICINA

Muchísima gracia me causó leer, en un pequeño recuadro, de un periódico capitalino, la noticia que el conjunto nacional, “Los K-Chiporros”, estaba entablando una demanda judicial, a sus colegas argentinos, de “Damas Gratis”, por utilizar su música y su letra, sin ningún tipo de autorización.

Esto no solo es gracioso, llamativo y hasta llega a ser cínico, por parte de esta agrupación, que hoy en día se encuentra en el punto máximo de su éxito, pero que se olvida que en una época no tan remota, realizaban “covers” o lo que es lo mismo, hacían imitaciones de otros conjuntos, utilizando melodías y letras ajenas. Por supuesto que cobraban por esto.

No solo nunca ellos pidieron autorización a ninguna empresa grabadora, si no que jamás pagaron un solo centavo a APA, que es la agrupación que aglutina a los autores y compositores paraguayos. Esta contradicción e incoherencia por parte de estos muchachos, es doloroso  por supuesto,  pero  también  sirve  como  un  ejemplo  válido para que ellos y nosotros caigamos en la dura realidad, de una vez por todas.

Todos estamos bien sumergidos en ese nauseabundo mar, que representa la piratería. Un mal que funciona en base a conseguir dinero fácil con el esfuerzo intelectual de otro. Todos consumimos piratería, a sabiendas y no por engaño. El precio tiene mucho que ver en este tema, pero también responde a ese pequeño y escondido lado oscuro de nuestra personalidad, que nos impulsa, a veces, a sentir cierto extraño goce al estafar a nuestro prójimo.

Era de esperarse que, en un  país que no es serio, por carecer de leyes que protejan adecuadamente la propiedad intelectual, pero que, en caso de tenerlas, tampoco serían útiles ya que tampoco se las  respetaría. Y eso ocurre porque nuestra propia idiosincrasia hace que seamos rebeldes de acatar todo lo establecido. Quebrar normas forma parte de un legado cultural casi ancestral, practicado como un deporte, en el cual basta que haya una convención establecida para que inmediatamente se la desafíe.

Con solo que exista un cartel de aviso que diga “prohibido”, como para que automáticamente entre en funcionamiento un acto reflejo y hagamos exactamente todo lo contrario a lo que reza dicho cartel. Por lo tanto quejarse porque no respetan nuestros derechos es altamente ridículo cuando nosotros mismos los hemos hecho añicos al que tienen los otros.

Lo que pasa es que APA no tiene la suficiente fuerza para hacerse oír y sus reclamos siempre caen en saco roto. Si a esto le agregamos que, ninguna de las radios AM o FM de nuestro país, llena la famosa planilla que se confecciona antes de cada programa ni le abonan a APA los derechos de autor, tanto a los nativos como a los extranjeros, por lo que será evidente que en el extranjero tampoco se preocuparán por los nuestros.

De todas las fiestas bailables que se realizan en Paraguay, especialmente los fines de semana, tanto en clubes, discotecas, colegios o donde fuere, tampoco existen ni planillas ni aportes, con lo cual se rompe todos los tratados acordados con los organismos similares que tienen los otros países con el nuestro.

Esta es una de las causas principales porque nuestros queridos músicos, que deberían tener cierto pasar más o menos desahogado, en la vejez, terminan sus vidas miserablemente en alguna cama de cualquier hospital público que se apiade de ellos, o simplemente recurriendo a la generosa ayuda que pueda prestarle la ciudadanía mediante colectas.

Es realmente humillante ser testigo mudo de estas cosas, cuanto más debe ser, sentirlo en carne propia. Luego de toda una vida dedicada al maravilloso arte de la creación, dar todo de sí, para regocijo del público, para luego caer irremediablemente en el olvido, como tantos grandes autores nacionales, y solamente ser recordado después que ocurra su muerte.

Dar nombre reales, es desagradable y ya todos conocemos a esos héroes de carne y hueso. Muchos de los cuales tuvieron que ser repatriados desde la otra punta del mundo. Ante la indiferencia de la ciudadanía. Sin embargo queda muy lindo hacer pomposos discursos en los cementerios, tirar un par de lágrimas de cocodrilo, cantar loas a las virtudes del occiso y construir monumentos a quienes, en vez de ayudarlos en vida, les concedieron el peor de los castigos: el destierro de la memoria.

Estamos en plena campaña electoral y todavía ninguno de los posibles candidatos a ocupar el sillón presidencial, se ha pronunciado  con un tema parecido. Puede ser por omisión, por ignorancia o simplemente porque no les interesa. En cualquiera de los casos, todos sabemos con real escepticismo que este asunto quedará en la nada. En cuanto a los “Los K-Chiporros”, no me preocupo mucho, al final de cuenta han recibido un poco de su propia medicina.

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