miércoles, 22 de septiembre de 2010

TODOS SOMOS UN POCO PUERCOS

La histeria colectiva se ha instalado en nuestro país, sentando sus reales bases en el barrio Laurelty de Luque. La aparición de varios presuntos casos de fiebre amarilla, ha puesto al descubierto, una vez más, la ineficiencia de los gobernantes de turno ante una posible catástrofe sanitaria, en este caso.

Anteriormente nos habíamos encontrado con el dengue, una triste enfermedad que tiene mucho más que ver con la imprevisión y la dejadez, que con los embates del tristemente célebre mosquito hembra, cuyo nombre científico es el Aedes Aegypti. Los famosos y reiterados incendios anuales y las anteriores e interrumpidas inundaciones que hace un par de años ya no sufrimos, pero en el caso que aconteciera, sería arrasador.

Luego de 34 años que no se producían casos en el país, vuelven a ocurrir por culpa de los grandes incendios ocurridos en Brasil, Argentina y en el nuestro, que ha provocado una gran migración de  animales que han perdido su hábitat. Entre ellos, los monos de mayor tamaño, como el carayá. Estos, al ser picados por los mosquitos, desarrollan la enfermedad, sirviendo a su vez de portadores sanos de la misma.

Esto, de alguna manera, son los antecedentes inmediatos de lo que está sucediendo actualmente en la región. A pesar de todo lo sucedido, apenas se han producido menos de 20 casos, de los cuales 15 apenas gozan de solo una sospecha, y no alcanzarían a ponérsele el rótulo de brote, ya que el número de casos, es realmente insignificante.

Mientras tanto, ha sido acertado declarar al país en Estado de Emergencia Sanitaria, por las dudas. Creo que tampoco se debería cargar tanto las tintas sobre este delicado tema, ya que si esta eventualidad ha sido importada a través de los países limítrofes y el tiempo de incubación de la enfermedad es de 8 a 10 días, nuestros  vecinos ya deberían estar todos muertos. Teniendo en cuenta que de este tema, ya se viene hablando desde hace unas 25 jornadas.

El asunto es muy delicado, por desgracia, y de a poco se está tornando en un asidero político usado tanto por los oficialistas como por los opositores, que ven en este tema una veta demasiado rica como para explotar. Si bien la dejadez oficial ha quedado expuesta una vez más, no menos cierto que hacerle cargar toda la culpa al Dr. Oscar Martínez, actual Ministro de Salud Pública, es algo injusto, ya que habría que hacer una equitativa mención de todos aquellos que ocuparon la misma cartera durante los últimos 34 años.

Sin olvidarse de los altos funcionarios que comprende el área y que solo “camandulearon” durante toda su gestión. Sin embargo todo el espectro no estaría completo si no le añadimos a esta pequeña lista a todos los habitantes del país, sin excepción y en el cual me incluyo definitivamente y que esperan que todas las soluciones mágicas provengan del Estado.

Ya hubo otros comentarios al respecto, pero siempre es bueno refrescar la memoria. La gente es demasiado cómoda como para actuar por su propia cuenta y espera de cualquier entidad pública que le soluciones los problemas. El Estado paraguayo ha demostrado ser totalmente ineficiente, pues bien hagámoslo por obra de nuestro propio esfuerzo personal. Lo he visto en todos los puntos del país, gente sentada tomando cerveza o tereré, charlando animadamente de mil macanadas, mientras su patio trasero parece un verdadero “kure kua”.

Me han contado algunos amigos, que trabajan en SENEPA, ratificándolo  en varias oportunidades, cuando salen a inspeccionar casa por casa. Pero si no llega a ser su patio, puede ser el gran terreno baldío que tienen enfrente de sus domicilios. He visto las fotos de Laurelty, y en realidad, estas confirman lo puerco que son sus habitantes, así como muchos barrios de este país.

Creo que un par de horas de machete, o máquina eléctrica, bordeadoras o bien la tradicional hoz, no los va a matar y podrían evitar muchas lágrimas posteriores. Pero como a la gente le sobreviene el típico ataque de “kaigue” vecinal,  esperando tener todo servido en cuchara en su propia boca. Y esto viene especialmente de aquellos que no pagan jamás sus impuestos por los grandes terrenos que poseen, por eso pasa lo que pasa.

Si todos hacemos nuestra parte, el dengue, la fiebre amarilla, el cólera y la larga lista de pestes que acarrean la desidia y la pereza ya no serían temas de primera plana en los diarios capitalinos y regionales ni la vergüenza de ocupar  todos los sitios Web de los principales medios de comunicación del planeta.

Al final de cuenta, con un poco de trabajo para la comunidad nunca puede venir mal y para festejar la limpieza comunitaria, y que seamos un poco menos puercos, podemos brindar sólo con algún agua mineral, siempre y cuando no esté envenenada ni contenga ácido. Por las dudas… claro está.  

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