domingo, 26 de septiembre de 2010

LOS TEMBOLITOS DEL SUR


Persiguiendo una nota para una prestigiosa revista de Ciudad del Este, sin querer, me involucré musicalmente con una banda de músicos de Hernandarias. Su estilo no era realmente de mi agrado, sin embargo, primero estaba la nota y luego mis pobres oídos. 

Llegué justo en el momento en que se encontraban ensayando, y lo poco que pude escuchar, ya no me gustó. Ramón, su manager, me contó que este era un grupo nuevo, con apenas un año de trayectoria y que en su repertorio incluía todo lo que fuera música tropical, especialmente cumbia y “cachaca”. 

La cachaca, es un invento paraguayo que sería la versión pirata de la música colombiana o mexicana, sólo que estos grupos “pliki”, le cambian el ritmo a todas las canciones de moda, tanto nacionales como extranjeras, con el agravante que además de grabarla a su nombre, jamás le pagan un sólo centavo al pobre autor, que vive justamente de eso. 

Posteriormente, me pasaron todos los datos importantes para poder empezar a escribir algo sobre ellos. Lo primero que me enteré es que ninguno tenía estudios de música, a excepción del tecladista, que había tomado clases, durante seis meses, en un curso promocionado por la municipalidad de Hernandarias. Sin embargo este integrante del grupo, jamás lo terminó. 

Los otros eran sólo músicos de oído, que no les interesaba ni capacitarse ni esforzarse un poco más. Pensaban que con lo poco que sabían, “ya daba ya”. Eso era la exaltación de la ignorancia conformista. No sé como fue que sucedió, pero resulta que al representante, Ramón, se le ocurrió la brillante idea, que yo lo acompañase, en una de las tantas presentaciones de la banda, al interior del departamento de Alto Paraná, con el fin de tener un panorama mucho más completo que un simple reportaje, y de paso, que los viera como se comportaban ante el público. 

Tenía que estar fuera de mis cabales para decirles que si, pero en fin, ya el mal estaba hecho y querían tener mi presencia allá, en Puente Kyha. A pesar de haber metido la pata hasta el caracú, siempre existe una manera elegante de zafar de los problemas, porque aunque no lo crean, sí existen los milagros. Y ese milagro llegó justo en el momento oportuno. 

Una pareja amiga iba a celebrar la apertura de su restaurante-parrilla, allí mismo, en la ciudad de Hernandarias, por lo que no necesitaba desplazarme tan lejos, ya eso apenas estaba a unos pasos de la Plaza Central de la capital intercontinental de la energía. Por lo tanto, con ir a ese lugar, tendría ya una idea bastante amplia del funcionamiento de la banda, aunque ya mentalmente me lo imaginaba y eso me causaba “piri”. 

Quedamos que me encontraría con el grupo a las 20 y 30 en el lugar indicado. Y así lo hice, sólo que el lugar se encontraba vacío. Tuve que esperar casi una muy larga hora, hasta que finalmente aparecieron. Durante ese tiempo me dediqué a pensar qué giro le daría a esa nota, teniendo en cuenta que este no era un tema del cual fuera un verdadero experto y lo peor de todo, su repertorio no era algo que yo pudiera considerar como música. 

Luego vinieron los anfitriones, viejos amigos míos, que me dieron como una atención especial, una mesa cercana al escenario. De vez en cuando buscaba con la mirada al grupo, que se había reunido en torno a una mesa, en el fondo del salón y donde se acumulaban, una tras otras, las botellas de cerveza. Conté exactamente 6 las que se habían servido. Bebían como camellos en el medio del Sahara, y todavía les quedaba un buen tiempo para su actuación. 

Escuché a un dúo de muchachos que cantaba muy bien, pero que uno de ellos hacía tantos malabarismos con la guitarra que prácticamente, después de dos canciones, me había mareado casi por completo. Más tarde prosiguió con un trío que interpretó una polkita, luego un vals peruano, para finalmente asestarle un golpe mortal a un bolero que tanto placer me daba, cuando lo escuchaba en la voz de María Marta Serra Lima. 

Finalmente, cuando se me estaban cerrando los ojos y ya no tenía más nada que decir, a mis ocasionales vecinos de mesa, subió al escenario este conjunto, que tiene un pomposo nombre, pero que yo los he re-bautizado con el calificativo de Los Tembolitos del Sur. Ese es el nombre genérico que utilizo para denominar a los cientos de conjuntos musicales mediocres, que dan vueltas y vueltas por todo el país, rebuscándoselas como pueden y subsistiendo gracias a la generosidad de la gente antes que por su verdadero talento. 

No tienen ninguna disciplina de trabajo, y ni les interesa hacer un sacrificio en beneficio del grupo. Solo buscan salir de pobres por medio de la música, cosa que de ninguna manera es reprobable, pero para hacerlo, necesitan mucha dedicación, mucho sudor y fundamentalmente respetar los códigos. Uno de ellos dice que el músico borracho antes de actuar nunca llega lejos. Claro que hay honrosas excepciones, pero contadas con los dedos. 

Quieren sobresalir como si fueran grupos ya consagrados, y facturar también como ellos, sin embargo, apenas sus pobres abuelas los conocen. Navegan en la extrema mediocridad al copiar el estilo de otros conjuntos. No tienen una personalidad clara y definida ni como grupo ni individualmente. Creen valer mucho más, de lo que se le paga y casi no pueden ni con sus huesos. 

Siguiendo los pasos de los viejos músicos paraguayos, gastan el 70 por ciento de lo ganado, esa misma noche, sólo en bebida, con lo cual los deja casi siempre secos como para cumplir los compromisos contraídos con su familia y al mismo tiempo poder equiparse musicalmente como Dios manda. No quieren ajustarse a los horarios y ponen demasiados “peros” a los ensayos. 

Si tienen la suerte de conseguir trabajo seguido, pronto comenzarán las peleas, los chismes, y los egoísmos tontos de por medio. Tarde o temprano se separarán y cada uno tomará un camino distinto. De un millón de estos músicos, solo uno puede llegar a ser alguien en la música, el resto volverá a sus respectivos oficios, obligados por el fracaso y el rugido del estómago que de ninguna manera espera. Frustrados, ya no querrán ser más profesionales y despuntarán el vicio, de vez en cuando, en algún que otro casamiento, cumpleaños o bautismo, si es que lo invitan. 

¿Cuántos Tembolitos del Sur conoce usted, que hayan triunfado realmente?, seguro que ninguno…, eso mismo, como yo lo pensé.

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